Aquel juez dictó sentencia y con él, se
derrumbó mi odio y la rabia me condenó.
Vivo los días tras la sombra de estos
fríos barrotes llenos de impotencia, forjados tras el efímero desgaste de mi soledad. Navego desde entonces paralelamente a una tristeza
definida por límites que solo tú puedes desnudar y esperar a que llegue ese
final, sin contar con que un principio se esté a punto de agotar.
Hace mucho que no la veo, pues la esperanza
la sustituyó, pero es esta última la única prueba de que en realidad, la
debilidad, existió.
Pues amar es elegir, y yo deseo que me
elijas a mí, mi amada, soñada, ansiada LIBERTAD...
ya que eres el sentido que sostiene
mi existencia, eres la razón por la que escribir, eres mi razón por la que
vivir.
Por favor, vuelve a mí.
Vuelve a mi.....
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