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Castidad literaria.

Siempre he buscado tus huellas en el camino de la historia que obcecada pretende arrastrarte con ella. El no desistir en el ejemplo, es aprender que vivirte no fue más que un absurdo disparate, que ya no existe el destino ni la facilidad aquí.

Somos tanto en esta heterogeneidad que desbordada grita auxilio a unánime voz enmudecida por la ausencia del valor moral, que fluye el odio por no haberte querido lo suficiente.

Provocadores del “Me mientes”, somos los primeros que se arrepienten de estar en esta mierda. Nos busca, encadena, encarcela en su costado . Una vez te eleva no hay nada, nada siendo mucho, que se apague ahora que aún hay más de un nosotros formando parte de aquello que vuestra ignorancia ha paliado. 


Siendo el resquicio de tantos que esculpieron sobre su preámbulo huyendo del tributo al destello . No les culpo, si hay que ser diferente en este jodido mundo, la facilidad de atenuar esbozando distinciones es algo más atractivo y referente que la dureza que desprenden las palabras al subordinarse desde aquel que me dejaste morder con tantas ganas,  tu vientre.  

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