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No me pidas que pare, no me pidas perdón.

El leve temblor sobre la tierra tras la pisada impasible de una intuición desgastada, felina, mirada de tigre devastado. Una fotografía en vano rememorando cualquier sentimiento pasado, inundado de opresión, exaltado al más puro estilo Madame Bovary, en tu honor.  
 
Miras al telón sobre el cual creas y creces bajo encharcados ademanes impuestos, bajo tal futuro pactado en sociedad del que eres responsable. Existes amigo, y todo se paga llorando lo que no llegó a ser escrito.
 
Quién es dueño de la huida y el ingenio que se trenzan bajo tu pelo. Idolatrados, cual Causa y efecto desgastando sus muñecas contra ese saco de ignorancia e impotencia, la no comprensión de tu mirada tras el retrovisor.
 
Fue el miedo quien me hizo deslizar mi pintalabios sobre tu silueta, indudablemente todo buen actor depende de tal eslabón como la frustrada respiración tras los bajos fondos del entablado. 
Pero tú, rompiste promesas y cabeceros, deshiciste los complejos que te ataban al hielo fundiéndote en fuego cuando yo faltaba.
Nómada entre versos y expectante ante cualquier mirada se muestra como un valiente protagonizando una apalabrada munición a la que él, amaba.
 
No retrato una disculpa tras una evitable equivocación, escribo entre líneas lo que un día llegó a ser pura prostitución.

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