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Todo tiene un precio, un aprecio o un desprecio.

Se atrevió a llamar para sugerirme hacer testigo a un banco envejecido de un nosotros que el imaginó.
Olvidando recuerdos de golpes sobre moratones, volvía a vestirme de falsa princesa adinerada, de nuevo, para él.

No quise preguntarme un por qué hasta llegar. Y allí me senté, siendo objeto de miradas acompasadas,compasivas y algo trasnochadas.

Llegué a prometerme que no volvería a mirar el reloj, volver a esperar algo de él; pero sabía que una de sus miradas me bastaría para morder.

Todo parecía volver a nacer de nada, de nuevo. Pero el margen de error en el que se baña el "parecer" nos hace prisioneros de una incertidumbre más aplastante que la razón.

Lo perdemos todo cuando vemos que nuestro orgullo busca entre la basura; lo perdemos todo si desesperamos esperando a que algo cambie el error que cometiste al pasar.

Pasar por alto su expediente social y pueril.
Pasar de quererme y comenzar a darlo todo para dejar que yo quisiese las sobras morales, mordidas, que tantas lobas dejaron de ti.

Me levanté y me fui de allí.

Todo tiene un precio, un aprecio o un desprecio.
Pusiste precio a mi persona; cuatro llamas perdidas y un silencio que, como puedes respirar, se puede palpar ahora.

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