Estamos condenados a una vida infeliz. A que tachen de vicios todas y cada una de nuestras virtudes. Sentirnos solitarios, capaces y desmembrados. Siempre algo nos falta y siempre algo nos llena. Pero nunca, nunca, seremos capaces de volarnos en mil pedazos. Y por eso nos envidiamos, a nosotros retratados en miles de espejos que se hacen pedazos a cada palabra. Seremos unos inconscientes toda una vida. Capaces de destrozarnos y temer amar en un intento de evitarlo. De sentir ser algo a serlo hay un infinito tatuado en una muñeca. Porque si somos tan grandes es por creerlo imposible.
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